Con motivo de la presentación del sello conmemorativo dedicado al 25 Aniversario de la última expedición de los ambulantes postales, Correos y la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (AZAFT)   organizó el pasado sábado  una circulación muy especial del Tren Postal, que salió el  desde la zaragozana estación de Casetas hasta el Museo del Ferrocarril de Madrid, que tiene su sede en la Estación de Delicias, donde se realizó  el acto de presentación del efecto postal conmemorativo.

Durante el acto, al que asistieron el director del Museo del Ferrocarril de Madrid, Carlos Abellán Ruiz, y el presidente de Correos, Juan Manuel Serrano,  se  presentó el libro ‘Trenes de papel. 150 años de expediciones ambulantes de Correos’, escrito por F. Javier Berbel Silva, Gaspar Martínez Lorente, Pedro Navarro Moreno y Pedro Pintado Quintana.

El Tren Postal  que ha rememorado este trayecto Zaragoza/Madrid está compuesto por tres coches de Correos: dos estafetas y un furgón postal, que permanecieron  expuestos y abiertos al público durante toda la mañana del sábado para que los ciudadanos pudieran conocer de cerca el trabajo cotidiano que realizaban los ambulantes postales. Asimismo, durante los trayectos de ida y vuelta, los viajeros podieron matasellar la correspondencia generada durante el viaje con el matasellos conmemorativo del Tren Postal fechado con el día de la efemérides y también adquirir sellos y sobres especialmente editados para la ocasión.

La historia de los ambulantes de Correos está íntimamente ligada a la del ferrocarril. La primera estafeta ambulante española fue creada el 27 de julio de 1855 entre Madrid y Albacete; es decir, sólo siete años después de empezar a funcionar en España el primer ferrocarril peninsular (Barcelona-Mataró).

Las primeras administraciones ambulantes, que circulaban en vagones especiales o coches estafeta, eran vagones que funcionaban como auténticas oficinas, habilitados con casilleros, mesas de trabajo y zonas donde se almacenaban las sacas con la correspondencia. En el exterior, un buzón, en uno de los laterales, permitía que se pudieran depositar las cartas y una enorme campana señalaba el final de las operaciones de carga y descarga. Estas nuevas estafetas estaban ‘habitadas’ por una nueva categoría de empleados, los ambulantes postales, que en las primeras expediciones se componían de un administrador y un ayudante.

Los ambulantes postales iban uniformados y pertrechados con sellos, lacre, cuerda y mapones (etiquetas que precintaban las sacas), además del indispensable “Vaya”, el documento oficial que les habilitaba para efectuar el viaje. Los ambulantes postales realizaban un trabajo duro y exigente, donde debían soportar los rigores del invierno y del verano o los peligros de robos y asaltos; aparte de ser los más perjudicados en el caso de que el tren sufriera un accidente, al viajar en el primer vagón enganchado tras la locomotora.

El éxito del tráfico postal por ferrocarril se puede medir en el kilometraje diario que realizaban las conducciones postales, que pasaron de los 2.700 kilómetros diarios del año 1858, a los 54.000 km en el año 1900 y los más de 75.000 en 1930. A partir de 1960 comenzaron a viajar los llamados `trenes postales` dedicados exclusivamente al transporte del correo, integrados por vagones oficina y furgones de carga.

Después de más de 100 años, el 30 de junio de 1993, a las 22:30 horas, partió de la estación de Madrid-Chamartín la última expedición ambulante por ferrocarril, en el tren expreso Madrid-Málaga, arrastrando la última oficina ambulante (DGCT-3039) que recorrería el territorio español.

Este no es el único sello dedicado a los ambulantes postales pues ya en 1976, se emitió otro efecto con un valor de tres pesetas. Correos ha dedicado varios efectos postales al mundo del ferrocarril y el último de ellos es el que se ha dedicado el pasado mes de septiembre a la Línea de Alta Velocidad Española La Meca-Medina.

El sello dedicado a los ambulantes tiene un valor postal de 35€ y una tirada de 180.000 efectos. Con la emisión de este sello, que reproduce en el anverso uno de los últimos vagones postales de la serie 1500 y en el reverso, el interior del mismo con el ambulante, las sacas y diversos enseres de la época, la filatelia española quiere hacer un homenaje a aquel servicio de transporte de correspondencia y especialmente, a aquellos hombres y mujeres (que se incorporaron los últimos años), a pesar de las dificultades, hicieron que este servicio fuera posible agilizando así el transporte de la correspondencia en todas las líneas de la red ferroviaria, lo que permitió llegar hasta las localidades más pequeñas.